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Última Cena y Getsemaní
1. La reflexión sobre la Palabra de Dios
El jueves por la noche Jesús junto con sus apóstoles están en el Cenáculo. La Pascua está relacionada
con el sacrificio del cordero y con la cena pascual. Estas fiestas recuerdan la salida de Israel de la esclavitud del
faraón de Egipto. Jesús vino a liberar la humanidad de la esclavitud del pecado y del diablo.
Al principio, Jesús lavó los pies de los apóstoles. De esta manera les dio el ejemplo de la humildad y del
amor. Después advierte a los apóstoles del espíritu de la traición, detrás de la cual es el diablo.
Luego Jesús habla sobre el amor: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus
hermanos.”
También habla sobre el Espíritu Santo: “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis
sobrellevar. Cuando venga el Espíritu de verdad, Él os guiará a toda la verdad.”
Después Jesús instituyó el Sacramento de la Eucaristía: “El Señor Jesús, la noche en que fue entregado,
tomó el pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Esto es mi cuerpo que será entregado por vosotros.
Haced esto en commemoración mía. Del mismo modo tomó el cáliz diciendo: Esta es la alianza nueva y
eterna... Todas las veces que comáis este pan, y bebáis este cáliz, anunciáis la muerte del Señor, hasta que él
venga.” (cf. 1Cor 11,23)
Jesús ya había dicho antes: “El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí, y yo en él." La
Eucaristía hace presente la muerte de Cristo. Nuestra unidad con la muerte de Cristo se está expresada en las
palabras: “Padre, no se haga mi voluntad, sino la Tuya.” Si en esto seguimos a Jesús verdaderamente, el
Espíritu Santo obra en nosotros.
Getsemaní
Después Jesús salió con sus discípulos para el otro lado del arroyo de Cedrón. Había allí un huerto
llamado Getsemaní. Jesús dijo: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte. Quedaos aquí y velad conmigo.”
Jesús rezaba: “Padre, aparta de mí esta copa, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.” (Lc 22,42)
Después se volvió a sus discípulos y los halló durmiendo. Dijo a Pedro: “¿Así que no habéis podido velar ni
una sola hora conmigo? ¡Velad y orad!” (Mt 26,40-41) Lleno de tristeza y angustia, Jesús oraba aún más
intensamente. Su sudor caía en las gotas de sangre hasta la tierra.
En la primera oración, Jesús se dio cuenta del terrible sufrimiento y la muerte cruel que Le esperaba.
Durante la segunda oración, la conciencia de la abominación del pecado cayó sobre Jesús. Él, el Cordero
Inmaculado, toma sobre sí mismo todos los pecados del mundo. Sufre angustias mentales extremas.
Durante Su tercera lucha culminante de oración, Jesús vive la agonía espiritual más intensa. Se da
cuenta de que el fruto del pecado es la condenación eterna en el infierno. ¡Él ve que muchos rechazarán Su
sacrificio redentor y Su sufrimiento será en vano para ellos!
Por su obediencia al Padre, Jesús destruyó la raíz del pecado. ¡Él es ejemplo para nosotros como cumplir
la voluntad de Dios, aunque a costa de los sufrimientos más grandes!
2. Un versículo de la Palabra de Dios (5 minutos)
Todos repetímos: “Padre, si quieres, aparta de mí esta copa, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”.
(Lc 22,42)
3. La oración con la Palabra de Dios (5 minutos)
Todos decimos juntos: “¡Padre!” y uno añade: “¡No se haga mi voluntad, sino la tuya!”
4. La oración del corazón (5 minutos)
Todos llamamos: “Aaaa ... ba” . Vivo: “¡No se haga mi voluntad, sino la tuya!”
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